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Un joven que, después de verse involucrado en corrupciones
políticas varias, debe abandonar Francia con la excusa de una misión
científica en la que participa como un falso naturalista, conoce en el
barco que le lleva hacia Oriente a una dama inglesa que le abrirá los
ojos a la realidad profunda de los instintos humanos y la falsedad e hipocresía
de la civilización europea. Nuestro héroe cambiará su destino
y comenzará un viaje a las raíces del placer y de la libertad
absoluta —sin límites ni condiciones— que le llevará
al Jardín de los suplicios, un lugar de China en el que la muerte y el
placer se confunden hasta revelarse como una misma cosa.
Autor: Octave Mirbeau
Título: El jardín
de los suplicios
Traducción: Carlos
Cámara y Miguel Ángel Frontán
Editorial: El Olivo Azul
216 páginas, 19 euros
Allí asistiremos a visiones terribles: los suplicios
de la caricia y de la rata, conversaciones refinadas en las que se justifica
el canibalismo y se alaba el sabor de la carne alemana, una orgía junto
al Ídolo de las Siete Vergas o un hombre que es ajusticiado con las vibraciones
de una campana. El Jardín de los suplicios, jardín real que es
alimentado con los desechos de los torturados y del que no se puede salir, es
una metáfora de las zonas más oscuras de la condición humana:
la flor más hermosa parece que sólo puede crecer gracias a la
podredumbre —moral y social— que la alimenta.
Octave Mirbeau —Trévières, Normandía, 1848 - París
1917— fue un dramaturgo, crítico de arte y literario y escritor
francés. Después de una adolescencia y juventud difíciles
—fue expulsado del colegio jesuita donde estudiaba y comenzó su
carrera trabajando como negro literario—, sufre una profunda crisis personal
tras la que escribirá alguna de las obras más influyentes de la
literatura francesa moderna: “El Jardín de los suplicios”
(1899), “El diario de una camarera” (1900), y “Los 21 días
de un neurasténico” (1901). Hombre con inquietudes religiosas y
valores anarquistas, creador complejo y comprometido con los debates morales
y políticos de su tiempo, gran estilista, su obra, traducida a más
de treinta idiomas, ha sido elogiada por autores como Zola, Tolstói,
Brecht o Ionesco, y ejerce una influencia perdurable sobre la mejor literatura
contemporánea.
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