Una sensación de gratificación cinéfila queda tras el glorioso espectáculo fílmico, tras la romántica historia, tras la inmensa música de Justin Hurwitz, tras la elegante fotografía o tras la química del dúo Gosling-Stone. Si usted es alérgico al artificio coreográfico del musical, olvídese de sus prejuicios, acuda a una sala y abandónese al carrusel de emociones propuesto por el joven Damien Chazelle. El director y guionista de Whiplash ha vuelto a rodar y escribir una excelente cinta y, si en aquélla el jazz era esencial, en La La Land su protagonismo no es menor y encaja a la perfección con la vindicación de los sueños, el arte o el amor propuesta en la película.  Y todo contextualizado en Los Ángeles, esa ciudad de estrellas repleta de soñadores aspirantes a encontrar hueco en su reducida constelación.

Cartel de la película.

Aunque la cinta se eleva más allá del convencional relato de jóvenes en busca del éxito gracias a su sensibilidad para conectar con el público, para empatizar con las encrucijadas de sus personajes o con esa familiar sensación de mirar por el retrovisor de nuestras vidas y dudar de qué podría haber pasado en ellas de haber elegido, hecho o dicho otra cosa. Ese nostálgico recuerdo a un amor fracasado o a un sueño disuelto sobrevuelan este trabajo que, además, es también un honesto homenaje a los años dorados de los estudios, a la tradición del musical, a una forma de hacer cine en desuso pero aún con una formidable aceptación si se formula con la actualizada brillantez de esta La ciudad de las estrellas.

Sebastian (Ryan Gosling) y Mia (Emma Stone), en un fotograma del filme.

Una acertada mezcla de magia y romance sin cursilería enmarcan la historia de Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling). Ella se gana la vida como camarera para costear su frustrante peregrinar por castings que le abran el camino a su sueño de ser actriz. Él es un bohemio pianista resuelto a recuperar la esencia del jazz y preservarlo en su estado más puro en el club que pretende abrir. Tras un inicial juego de encuentros y desencuentros, ambos se enamorarán y cada uno será, respectivamente, cómplice y sostén del sueño del otro. A lo largo de las estaciones del año, la película nos sube a una montaña rusa emocional en la que esperanza y desazón, amor y desamor, alegría y tristeza se suceden unas a otras de la mano de músicas y coreografías tan bellas como modélicamente ajustadas al propósito de cada secuencia.

La cinta se eleva más allá del convencional relato de jóvenes en busca del éxito gracias a su sensibilidad para conectar con el público, para empatizar con las encrucijadas de sus personajes.

Desconozco si tanto guiño a ese cine de claqué de los 50 responde a una intencionalidad de recoger el favor de los académicos, tan proclives a los trasuntos de nostalgia cinematográfica, aunque como cinéfilo sólo guiado por el radar de mis emociones me descubro ante la que considero una de las mejores propuestas del año y una firme candidata a engrosar la lista de musicales de recuerdo imperecedero. Y qué decir de su epílogo: uno de los ejercicios de narrativa audiovisual más poético y portentoso de los últimos años. Una secuencia de casi ocho minutos en la que sueños y realidad se confrontan para resumir la idea latente en el filme de que soñar es vivir seamos o no capaces de vivir lo soñado.

Título: La ciudad de las estrellas: La La Land. Título original: La La Land. Dirección: Damien Chazelle. País: USA. Año: 2016. Duración: 128 min. Género: Comedia dramática, musical, romance. Interpretación: Emma Stone, Ryan Gosling, Finn Wittrock, Rosemarie DeWitt, J.K. Simmons. Música: Justin Hurwitz. Estreno en España: 13 Enero 2017. Valoración: 9,5/10.