Resguardados del sofocante calor que azota Madrid en una pequeña
cafetería del Barrio de las letras, no pierdo un segundo en poner
en marcha la grabadora para que no se escape ni una palabra de la animada
conversación que estoy manteniendo con Susana (cantante) y Javier
(batería), quienes se consideran afortunados por haber sacado el
disco bajo el manto protector de Vampi. “Seguramente, si hubiéramos
grabado el disco en otro sello, no habría tenido la misma repercusión.
Desde luego, aparecer en el catálogo de Dusty Groove (conocida tienda
de discos de Chicago) no lo hubiera pensado en la vida”, confiesa Susana.
Opinión a la que se suma Javi: “Vampi es una marca con prestigio,
te da credibilidad. La prueba es que estamos en todas las tiendas de internet
importantes especializadas en música negra”. Un cobijo discográfico
que les ha librado de prejuicios ahorrándoles tener que dar muchas
explicaciones sobre la gestación del proyecto que, sin embargo,
insisto en pedirles. “Con mi anterior grupo - nos cuenta Javi - Disky Wick,
llevábamos un rollo más acid-jazz con loops y todo eso, y
siempre soñábamos con hacer una banda de funk. Un día
les presenté a Susana y nos convencimos de que aquello era posible.
Luego fuimos incorporando músicos hasta completar la formación
actual”. Llegado este punto, hemos de decir que Celofunk son Susana y Alicia
Ruiz (voces), Daniel ‘Txaras’ (piano y hammond), Javier Gómez (batería),
José A. Herranz (guitarra), Santiago Martín (bajo), David
Carrasco (saxos) y Santiago Cañada (Trombón). Tras este inciso,
retomamos el hilo de la conversación con Susana haciendo hincapié
en que “el grupo ha surgido de una manera espontánea más
que buscando un sonido concreto”, idea corroborada por Javi, para quien
Celofunk “no es un grupo de laboratorio, es real, nació de forma
casual. No es un producto meditado. Hemos ido experimentando poco a poco
y hemos llegado hasta aquí”.
Evolución versus integrismo
La fórmula, no obstante, no está ni mucho menos cerrada
a tenor del amplio espectro de sonidos e influencias de las que se nutren.
“El grupo es muy abierto, estamos componiendo nuevos temas con pinceladas
de otras cosas y que a nosotros mismos nos están sorprendiendo.
Nunca vetamos una composición porque se salga de una determinada
‘onda’ que es la que se nos presupone. No somos un grupo integrista y eso,
creo yo, es esperanzador para el futuro porque irá evolucionando”.
Argumento que desgrana Javier de forma pasional y al que Susana pone la
guinda con rotundidad por si quedaba alguna duda: “nos movemos siempre
dentro de una línea, que es hacer lo que nos da la gana en todo
momento, no nos cortarnos de tocar lo que nos apetece”.
Como todo en Celofunk, el salto de las versiones a los diez temas propios
que conforman el disco fue espontáneo o, a lo mejor no tanto, como
se infiere de las palabras del batería. “Tocar versiones es muy
divertido, un aprendizaje necesario. Pero un día Susana nos puso
firmes conminándonos a que diéramos un paso adelante con
un proyecto comprometido. Ella tenía temas escritos y nos dio el
empujón que necesitábamos”. La cantante y compositora, por
alusiones, expone sus argumentos. “Había llegado un momento en que
lo contrario hubiera sido no querer asumir la responsabilidad de tener
un proyecto y unos temas que defender. Se daban todos los ingredientes
y les hice ver que era algo necesario. Aunque no fue fácil porque
tuve que ponerme dura (risas)”. Escuchándola, observando su vehemente
gestualidad, no me queda la menor duda acerca de su poder de persuasión,
como tampoco de la satisfacción que experimentó al comprobar
el resultado final del disco por primera vez. “Estoy muy contenta con el
sonido que hemos conseguido (el disco está producido por Daniel
Alcocer). Fue algo milagroso”, lo que suena algo exagerado hasta que Javi
nos confiesa que “lo grabamos en tres días encerrados en La Boca
del Lobo con un equipo portátil porque no teníamos dinero
y desde luego la producción es muy básica”.
De profetas y sus tierras
Un primer elepé autofinanciado y autoproducido que, de no ser
por el interés de Iñigo Munster, capo de Vampisoul, me aseguran
que habrían autoeditado. Aunque, huelga decirlo, los canales de
difusión de los que hubieran dispuesto en ese caso habrían
tenido una repercusión ínfima. En este sentido, Vampi les
asegura una cobertura mundial que, les pronostico, va a hacer que se vendan
más copias del disco en el extranjero que en nuestro país.
Javier está de acuerdo ya que para él “lo que está
claro es que aquí (por España) ya hemos llegado al poco público
que de verdad está interesado en la música negra, mientras
que fuera el mercado es enorme. Piensa que, por poner un ejemplo, para
un japonés, un grupo de funk español es muy atractivo por
exótico”. Me alegro por ellos, aunque no deja de ser una lástima
que tengan un ‘target’ nacional tan limitado, tanto ellos como otras formaciones
españolas con las que tienen afinidad de estilo, caso de Speack
Low, Ortofonk o koniec.
El tiempo vuela. Tras despedirme de la pareja, reclamada por el local
de ensayo, mi discman hace lo propio conmigo. Lo enciendo, aprieto el botón
del play y una voz femenina tremendamente familiar y llena de groove canta
“everybody say it loud, we got the funk” . Y que lo digas!