Domingo, 24 de octubre de 2004

OPINIÓN
Crítica de LITERATURA
Paul Auster: La noche del oráculo
por Pedro Galiano

Autor/es: Paul Auster
Título: La noche del oráculo
Editorial: Anagrama
Traducción de Benito Gómez Ibáñez 257 páginas
16 euros
Un relato del protagonista del libro, también novelista, una conversación fortuita en un bar, un sueño, un recuerdo, la ocasional lectura de un periódico... Auster se sirve de cualquier pretexto argumental para dar rienda suelta a su necesidad de contar historias que se subordinan unas a otras hasta crear un entramado tan complejo como atractivo. Como estamos ante un escritor que maneja el lenguaje con maestría, dando la sensación de que las palabras le fluyen sin esfuerzo aparente, y que además posee un profundo conocimiento del andamiaje necesario para levantar una historia, el lector, más que sumergirse en la novela, se desliza por ella como si lo hiciera por un tobogán, casi de manera involuntaria. Nada importa que el relato central se complique con multitud de pequeñas metahistorias, en ningún momento se pierde el hilo argumental. El dique nunca se desborda pese al abrumador torrente de personajes, puesto que la jerarquía de los mismos siempre está clara.

Sydney Orr, un escritor que ha sobrevivido milagrosamente a una enfermedad terminal, retoma su profesión gracias a la inspiración que le proporcionan un misterioso cuaderno azul y uno de los personajes de ‘El halcón maltés’, con el que tiene en común haber burlado la muerte gracias a un capricho del destino. De esta forma crea a Nick Bowen, un joven editor que vuelve a nacer tras un accidente del que sale ileso de pura casualidad, un hombre equilibrado y sensato que decide romper con el pasado y al que Auster otorga por momentos el protagonismo de ‘La noche del oráculo’, al igual que hace con el mejor amigo de Orr, John Trause, el hermano menor de la segunda mujer de éste último y toda la suerte de secundarios que van desfilando por la novela, construida a base de introducir una historia dentro de otra como si de muñecas matriuskhas se tratara. Sin embargo, esta yuxtaposición de relatos resulta artificiosa -algo así como un truco pirotécnico muy vistoso pero hueco- ya que las peripecias vitales de Nick Bowen y Sydney Orr, al ser cerradas en falso, dejan sin verosimilitud el laborioso engranaje previo, lo que provoca cierta decepción.

 

© Copyright elojocritico digital
www.elojocritico.tk