El guionista y director Alex Garland recrea, en su último filme, unos Estados Unidos en mitad de una guerra civil. No hay explicaciones muy concretas del origen del conflicto; tampoco sobre cuáles son los bandos ni quienes enarbolan la causa más teóricamente noble. Planta al espectador en mitad de la contienda, entre tiroteos rodados con estruendoso verismo, acompañando a cuatros reporteros (Dunst, Spaeny, Moura y Henderson) en su viaje a la capital para contar el inminente derrocamiento presidencial. La propuesta asume un infrecuente punto de vista en el cine yanqui: retratar el horror dentro de sus propias fronteras y no derivado de una invasión alienígena ni un ataque terrorista de algunos de los habituales enemigos norteamericanos. El director inglés, creador de la inquietante miniserie Devs (2020, HBO) o Ex Machina (2014), nos ubica en una entorno mucho más terrenal, tangible y terriblemente posible. Y tampoco nos dará un epílogo ni resolución satisfactoria. Se trata de servir la guerra en crudo, sin aditamentos, causas o banderas a las que adherirse. Porque la guerra es, en última instancia, un error, un fracaso social y un contexto que aflora el peor envés de cada ser humano. Garland la trae a unas sociedades occidentales habituadas a ver la violencia desde pantallas y desde una falsa seguridad fácil de fracturar. Una seria advertencia de que la paz no tiene por qué ser lo cotidiano.
Civil War
Publicado por Matías Cobo el En Cine, Estrenos | Sin comentarios