El Opus Dei se ha puesto la venda [1] antes del estreno de El Código da Vinci. Conscientes de la potencia de convocatoria de la cinta tras el éxito mundial del libro, no quieren que sus vergüenzas salgan a relucir. Aunque si Howard [2] se ha centrado en la parte histórica y en la teoría de la posible relación entre Jesús y María Magdalena, los de Escrivá pasarán del tema; no habrán urgado donde les duele: [3] en sus prácticas de proselitismo lava-cerebros. Pero, de reacciones como ésta y similares, me llama más la atención ese afán doctrinario —nostálgico de un pasado de poder sobre las conciencias— a la hora de valorar manifestaciones artísticas. A Amenábar [4] le han pegado hasta en el carné de identidad por hacer una película basada en un hombre que pidió la eutanasia. Es decir, por hacer cine a partir de hechos reales, algo de lo más corriente. Y también le dieron a Eastwood [5], aunque menos, porque ya son palabras mayores (aglutina mucho respaldo de público y crítica, y además no es español, un estimulante elemento para repartir candela con más furor). Ahora, la homofobia eclesial [6] tiene otra cinta de la que rajar. Les parece de los más degenerada [7] y, por tanto, pasa a la lista negra.
Cuando la reserva espiritual habla de cine
Publicado por Matías Cobo el En Actualidad, Cine | Sin comentarios