Unas cervezas frías compartidas con los compañeros en un parque contiguo al hospital tras un turno agotador, una broma para destensar, recordar una anécdota cómica de un día repleto de batallas o despedirse con un “mañana será otro día” preceden el paseo nocturno de vuelta a casa del doctor Michael Romanovich (Noah Wyle) mientras escucha el Baby de Blackwater Surprirse. Quince horas antes amanecía en Pittsburgh y, en los auriculares bluetooth de Romanovich, sonaba la misma canción de camino a ‘la fosa’ (the pitt), término con el que él y sus colegas se refieren a la última planta del hospital donde se ubica el servicio de urgencias que dirige. Y durante quince capítulos lo acompañaremos a él y al resto del personal a lo largo de un frenética jornada iniciada a las 7h. y concluida a las 21h. Cada capítulo nos cuenta una hora del turno a través de los distintos pacientes atendidos, simultaneados unos con otros en un ejercicio de funambulismo asistencial siempre al límite. Microhistorias de pura supervivencia y otras más pintorescas protagonizadas por enfermos de todo tipo de edades, procedencia y condición se mezclan con las dinámicas relacionales entre doctores, estudiantes, enfermeros y directivos de un hospital siempre en ebullición. En definitiva, The Pitt recupera y actualiza al otrora exitoso género de urgencias hospitalarias en la era poscovid con crudeza gráfica y poniendo el acento en la extrema dificultad de una profesión sólo apta para gente hecha de otra pasta.
Se trata de una serie de perfil televisivo clásico, previo a la sobreabundancia de ficciones seriadas tras la proliferación de plataformas de ‘streaming’
Y en lo puramente ficcional recupera el formato de la narración en tiempo real, una fórmula que aquí se aplica sin tanta precisión como 24 lo hizo en la mítica serie protagonizada por Kiefer Sutherland. Aquí no hay un crono gigante con estridentes pitidos a cada avance del segundero, simplemente se enmarca cada capítulo en una hora de reloj y todo lo narrado sucederá durante ese período; y en una misma ubicación, en ‘la fosa’, un planta de urgencias típica, funcional, repleta siempre de personal, pacientes y familiares. Allí veremos cómo se atiende a cada nuevo caso, cómo se relacionan los profesionales en una labor que les exige una toma de decisiones continua. Los médicos veteranos, aun siendo referentes de estudiantes y novatos, dudan, cometen errores y, como humanos, también se desploman cuando se ven superados. Los jóvenes compiten entre ellos tirando de osadía, y de hasta cierta imprudencia en ocasiones, para obtener el reconocimiento de sus superiores. Enfermeros y otro personal asistencial ponen un punto de cordura y orden en el cotidiano caos controlado. Los pacientes, cada uno con su respectiva patología, hilvanan este relato de 15 horas repleto de situaciones extremas en las que se pasa del subidón por salvar una vida a la impotencia por perder otra. Pero todo muy tangible, verosímil y tan descarnado que convierten a la producción en no apta para los más aprensivos a la casquería.
Con el factor humano tan presente en una serie de este tipo, la elección del reparto es clave y quizá sea el mayor acierto de The Pitt. El personaje de Noah Wyle (Romanovich) es el protagonista, pero el relato tiende a lo coral concediendo su alícuota parte de tiempo a cada personaje; el suficiente como para que entendamos y podamos incluso identificarnos con algunos de ellos. No tira de clichés simples, los dota de aristas y sutiles detalles a cada uno para empatizar con ellos cuando sufren, lloran, compadecen, se quiebran o, simplemente, comparten un rato de camaradería para destensar y apoyarse. Destaca el excelente trabajo de Wyle, quien suena como favorito al Emmy a mejor actor dramático, en un papel que conecta con sus inicios profesionales cuando encarnó al doctor John Carter en el drama médico Urgencias. Además, el resto del elenco está también a la altura de la serie creada por R. Scott Gemmill: desde Tracy Ifeachor como doctora Heather Collins hasta Patrick Ball como el talentoso residente senior Frank Langdon, pasando por Katherine LaNasa, Supriya Ganesh, Gerran Howell o Fiona Dourif. Todos, junto al resto del reparto, encajan como un guante en sus personajes y suben el nivel de una producción sustentada en un guión escrito con precisión clínica.
Gemmill saca aquí a relucir sus probadas cualidades para ficciones con mucha ritmo (ha trabajado para series de acción como Hawai 5.0, NCIS Los Ángeles o J.A.G.: Alerta roja) y las combina con su bagaje como escritor de temáticas hospitalarias, dado su pasado como guionista de la aclamada Urgencias de la NBC. Por tanto, el creador de la serie conocía el terreno que pisaba y, en el caso de The Pitt, lo ha elevado varios peldaños respecto a trabajos suyos previos. Porque sí es cierto que no hay tregua en el desarrollo de cada hora: a un paciente lo sucede otro, sus tratamientos se solapan y prolongan en siguientes episodios mientras llegan nuevos casos sin solución de continuidad. A los médicos de este turno les caerán en suerte unos casos y quienes los releven los heredarán y atenderán a otros nuevos. Cada uno les somete a un reto, a un estrés competencial y, al tiempo, les brinda una oportunidad didáctica para educar a estudiantes y residentes. Pero también hay apeaderos narrativos para perfilar a algunos de los personajes recurrentes. Secuencias para desvelar leves detalles que les confieren tridimensionalidad y abunden en particularidades biográficas susceptibles de prolongación en venideras temporadas. Porque la productora ya ha confirmado la continuidad de The Pitt y la renovada apuesta de HBO Max por este formato tan apreciado entre los estrenos de su catálogo en 2025.
Curiosamente se trata de una serie de perfil televisivo clásico, previo a la sobreabundancia de ficciones seriadas tras la proliferación de plataformas de ‘streaming’. No es una heredera directa de ficciones tipo Anatomía de Grey, Urgencias, New Amsterdam, Chicago Med o House, pero sí cuenta con elementos propios del subgénero del drama médico. Personalmente, me quedo con su descenso a lo terrenal, a su cruda exposición de lo humano en situaciones límite, a la excelente creación de personajes reales, a su concepción de los médicos, en palabras de su protagonista, como “abejas que protegen la colmena”. Puede resultar incómoda en su representación bruta de la labor quirúrgica, pero lo justifica su propósito final de pegarse como una lapa a la verdad. Una verdad, a veces, también incómoda cuando se muestras las miserias de servicios infradotados e incapaces de atender en tiempo y forma a unos pacientes llevados al límite, justamente, de su paciencia. Pero todo eso también hace a The Pitt más auténtica y, llegado el momento del clímax final, nos reencuentra con lo mejor de la condición humana, en cómo esas abejas se organizan en el caos para salvar a cuantos puedan de esta colmena común. Sin heroicidades efectistas ni sobrehumanas. No. Aquí todo es terrenal, humano y real, como ese “mañana será otro día” previo al paseo de vuelta casa de nuestro protagonista/héroe tras una batalla consigo mismo y tras la titánica tarea a la que él y su equipo se vieron expuestos.
Título original: The Pitt (La Fosa) / Año: 2025 / Duración: 50 min. / Temporada 1 / 15 capítulos / País: Estados Unidos / Dirección: R. Scott Gemmill (Creador), John Wells, Amanda Marsalis, Damian Marcano, John Cameron, Quyen Tran, Silver Tree / Guion: R. Scott Gemmill, Valerie Chu, Elyssa Gershman, Joe Sachs, Simran Baidwan, Noah Wyle, Cynthia Adarkwa / Reparto: Noah Wyle, Tracy Ifeachor, Katherine LaNasa, Fiona Dourif, Tayler Dearden, Isa Briones, Gerran Howell, Shawn Hatosy, Patrick Ball, Supriya Gannesh, Shabana Azeez, Kadan Well Bennett, Reginald Lashaun Clay / Música: Gavin Brivik / Fotografía: Johanna Coelho / Compañías: John Wells Productions, Warner Bros. Television, Max, SKY Studios. / Distribuidora: Max / Género: Drama, medicina
























